Dos generaciones de familia separadas por 60 años y por experiencia. Niño y anciano.
Le observo la mano, sin pudor, sin problemas, no me da miedo, le conozco.
Tiene las venas marcadas, se resaltan de una forma increíble, de color verdoso y al parecer, dilatadas.
Y me observo la mano, lo hago a menudo, pero ahora la comparo con la de él.
Tiene la piel más oscura que yo, aunque tampoco parece muy complicado, la mía es casi traslúcida.
Tiene las manos más débiles que yo, y él las posa sobre el regazo, yo sin embargo las relajo sin preocupación.
Nunca me había fijado...Esas venas que me han enganchado como una droga, contiene mi sangre, estamos unidos por ella, qué motivo tan estúpido...
Despego los ojos y giro la cabeza hacia la derecha, le observo tranquilo, con los ojos enganchados al televisor, qué ironía.
Nos separan 60 años, y miles de experiencias ya vividas por él y que a mí me tocará vivir.
Y poco más.
Mi último recuerdo de ti serán tus ojos mirándome y tus discusiones con ella...por si mañana ya no te vuelvo a ver.