"Aprendí algo que hubiera resultado evidente incluso para un niño. Que la vida es sencillamente una colección de pequeñas vidas y que cada una de ellas dura un día. Que no hay nada como una jornada empleada en soñar, en disfrutar de la puesta de sol o de la brisa fresca.
Pero, sobre todo, aprendí que para mí vivir es sencillamente sentarme en un banco junto a un viejo río, con la mano en su rodilla, y a veces, en los días buenos, enamorarme."