¿Nunca pensaste que al tocar un botón te podrían llegar miles de imágenes a la mente? Sé que no, no hace falta que me respondas.
Por eso, cuando hoy pasaban 19 minutos desde la una de la tarde, se te encogió el corazón al leer esas dos palabras. Tan cortas, que a ninguno nos significó nada, pero en cuanto las leí, desvié mi vista hacia ti -y mira que lo hago veces al día-.
Y observé la forma en la que no dejaste de mirar hacia el frente,sin pestañear casi, durante 30 segundos, tiempo casi inservible para muchos pero que para ti no fue así.
Bajaste la cabeza y torciste el gesto, no articulaste palabra, posaste los ojos sobre el cúmulo de hojas que tenías delante de ti para ignorar tu completa realidad, y te sumiste en tu mundo.
Sé que se te pasó por la cabeza esa imagen, esa lágrima después de conocer la verdad, días más tarde, lo sé porque tu rostro te delataba, y al parecer era yo el único testigo de semejante hecho.
Habían pasado 3 minutos escasos, cuando él pronunció: "No es la única salida a los problemas"
Y fue el culmen. Despotricaste por lo bajo todos los insultos que conocías, llenaste tu mirada de odio y le acechaste con ella, sin dudarlo, sin pudor, sin reparos.
Me dolió, tanto como a ti. No podía quitar los ojos de ti, lo siento, me había absorbido de tal forma la escena que era como un tramo de la película en la que "si pestañeas, te lo pierdes".
Quieres que la vida te dé otra oportunidad, para hacer las cosas bien, para haber estado media hora antes, para impedir todo acto o palabra, pero no pudo ser así...y todavía te cuesta vivir con eso que te muerde por dentro.